sábado, 13 de diciembre de 2008

Mi confrontación con la docencia

Llegué a Tabasco en Julio de 1976, becado para estudiar agronomía en el Colegio Superior de Agricultura Tropical (CSAT), estudios que terminé en Mayo de 1981.
Cuando cursaba el octavo semestre de la carrera me incorporé como auxiliar de un profesor investigador de la Institución, lo apoyaba en trabajos de campo y en cuestiones de aula, creo que en esa etapa reconocí a la docencia como una posibilidad y cuando egresé de logré incorporarme a mi Colegio como profesor adjunto y posteriormente como profesor investigador. Por espacio de cuatro años participé en las actividades académicas de nivel superior hasta que en Julio de 1985 mi Colegio fue liquidado por disposición federal.
Hice una visita al Instituto Tecnológico Agropecuario de Chetumal donde me hicieron un ofrecimiento verbal para un futuro próximo, pero en esos días tembló en la Ciudad de México y todo se congeló.
En Noviembre de 1985 en una visita al CBTis 93, me hicieron un ofrecimiento para impartir Matemáticas I y Física I. Desde Enero de 1986 soy profesor del CBTis 93, y desde entonces ya buscaba que las actividades áulicas se reflejaran en buenas calificaciones de los alumnos.
En mis primeras experiencias frente a grupo, en el CSAT, fue donde más angustia sentí, ya que mis alumnos de grado avanzado requerían información muy especializada y contextual, y aunque yo tenía la información (la obtenía de los Abstracts y de los resultados de investigación local, no conocíamos las computadoras y todo lo que ahora significan), se me dificultaba mucho la dosificación en sesiones de dos horas; ya en CBTis 93 yo sentí que ingresé con un mayor nivel de confianza y libertad para plantear situaciones de aprendizaje. Intuitivamente basaba mi método en el planteamiento de preguntas para focalizar la sesión, preguntas que se respondían a lo largo de la sesión según avanzaba mi exposición... parecía suficiente pero, como una vez comenté, también noté que la sesión basada en mi exposición no favorecía mucho el aprendizaje, “evaluaba” con un examen y el resultado era casi catastrófico.
Durante años recibí cursos de actualización sobre métodos y técnicas de enseñanza, generales o más disciplinares, a proponer planeaciones curriculares… gran parte de todo bajo un enfoque conductista. Por otro lado nos quejábamos de nivel de capacidades de nuestros alumnos, situación incómoda cuando el grupo era de semestre avanzado, y tuvimos que aprender, los profesores, a no preguntar quien había impartido la clase de matemáticas en lo semestres anteriores al que nos tocara, porque la delegación de la responsabilidad del atraso con el que llegaban los alumnos hasta nosotros llegaba, cuando menos, a la educación secundaría, y a veces, hasta a la primaria. Mejor nos propusimos trabajar con los alumnos tratando de que aprendieran lo más posible, según sus capacidades.
En años más próximos, encontré el sustento teórico del aprendizaje, la construcción del conocimiento, la importancia del contexto sociocultural, y sobre todo la importancia de que el alumno (el que aprende) sea el que actúe para lograrlo. Ya con el conocimiento de todo lo que implica el aprendizaje para ser competente en la vida, mi trabajo docente se ha hecho muy agradable y muy satisfactorio; creo que hago un buen trabajo junto con el de la mayoría de mis compañeros que impartimos asignaturas comunes, hay mucha disposición al diseño de estrategias para el aprendizaje de nuestros alumnos, estrategias que proponen condiciones para aprender a pensar y sentir, con interacciones fuertes entre ellos en ambientes de solidaridad, colaboración, sin tipo alguno de discriminación, en libertad y respeto.

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