sábado, 13 de diciembre de 2008

Los saberes de mis alumnos

Los saberes de mis alumnos.

Las características socioculturales de mis alumnos, muchas veces ligadas a sus posibilidades económicas, son muy diversas. Algunos de mis alumnos manifiestan abiertamente su desinterés por el manejo de la computadora y de la información disponible en la red aduciendo suficiencia con la disponibilidad en la biblioteca y su material impreso. Son los que vienen de las escuelas más periféricas, los que han sido formados mayormente con la idea de cargar el libro y que aún no dimensionan con justeza las ventajas de la información en bits.
Otro grupo de alumnos está interesado en el Internet, pero solamente como reservorio de información, no tienen cuenta de correo electrónico ni herramientas como el Metroflog, y entran en la red para bajar información relativa con sus tareas escolares, biografías, y en ocasiones bajan música, videos. Ellos no interactúan con otras personas en la red.
Los alumnos más relacionados con el Internet son los más citadinos, aquellos que en su paso por la educación secundaria se familiarizaron con tareas continuas relacionadas con la red y con la comunicación a través del Chat, el correo electrónico y, actualmente, el Metroflog, con sus compañeros de escuela, familiares. Con frecuencia, toman la interacción en la red como un entretenimiento.
De las opiniones vertidas por mis alumnos sobre la posibilidad de aprovechar la red para beneficio escolar, tales como “para hacer tareas y entender algunas cosas”, “comunicación para que todos aprendamos un poco”, “para saber hablar” o “para tareas cuando se dificulte en los libros”, puedo notar su necesidad por un apoyo “para aprender” (se trata de un grupo de primer semestre del turno vespertino), sienten reconocer que no saben lo suficiente para transitar por el bachillerato con suficiencia (yo noto que no han arribado a los esquemas del razonamiento formal y que no han desarrollado algunas capacidades para el aprendizaje de las matemáticas). A un buen número de padres no les interesa que sus hijos se relaciones con la red y a otros hasta tratan de evitarlo.
Una estrategia para que el grupo aproveche las capacidades de los alumnos más relacionados con las interacciones en la red, al mismo tiempo que se trabaja sobre la barrera actitudinal hacia la herramienta de los alumnos menos interesados, es un diseño que integre una Webquest. Para trabajar la Webquest, se promoverá la interacción en la red, para lo cual cada alumno deberá tener una cuenta de correo electrónico, para que al visitar las direcciones proporcionadas puedan compartir sus propuestas para desarrollar cada actividad, cada ejercicio, incluso puedan pedir asesoría a profesores vía e-mail y, finalmente hacer entrega de sus trabajo al profesor por la misma vía.
Mis alumnos sugieren opciones en sus comentarios: “Me gustaría que me apoyen porque sé pero no mucho y quisiera aprender más”, “puedo pedir apoyo profesional y que sea en la escuela”, “yo puedo apoyar ya que me gusta la informática”, “me gustaría apoyar y que me apoyen doy mi correo…”, o “que me apoyen en cómputo porque no sé mucho de computadoras”. Hay disposición, de los que están más familiarizados con el Internet para apoyar a los menos familiarizados, de los que dominan más las matemáticas a apoyar a los que la dominan menos, de los que menos saben matemáticas a recibir apoyo. Habrá que propiciar equipos donde los que saben más ayuden a los que saben menos… Y una Webquest es una buena opción, para que, compartiendo el conocimiento se rebase el espacio físico de la escuela y se ingrese al ciberespacio y facilitar así, el aprendizaje del álgebra en el centro de cómputo en un inicio y desde cualquier lugar al final.


Mi confrontación con la docencia

Llegué a Tabasco en Julio de 1976, becado para estudiar agronomía en el Colegio Superior de Agricultura Tropical (CSAT), estudios que terminé en Mayo de 1981.
Cuando cursaba el octavo semestre de la carrera me incorporé como auxiliar de un profesor investigador de la Institución, lo apoyaba en trabajos de campo y en cuestiones de aula, creo que en esa etapa reconocí a la docencia como una posibilidad y cuando egresé de logré incorporarme a mi Colegio como profesor adjunto y posteriormente como profesor investigador. Por espacio de cuatro años participé en las actividades académicas de nivel superior hasta que en Julio de 1985 mi Colegio fue liquidado por disposición federal.
Hice una visita al Instituto Tecnológico Agropecuario de Chetumal donde me hicieron un ofrecimiento verbal para un futuro próximo, pero en esos días tembló en la Ciudad de México y todo se congeló.
En Noviembre de 1985 en una visita al CBTis 93, me hicieron un ofrecimiento para impartir Matemáticas I y Física I. Desde Enero de 1986 soy profesor del CBTis 93, y desde entonces ya buscaba que las actividades áulicas se reflejaran en buenas calificaciones de los alumnos.
En mis primeras experiencias frente a grupo, en el CSAT, fue donde más angustia sentí, ya que mis alumnos de grado avanzado requerían información muy especializada y contextual, y aunque yo tenía la información (la obtenía de los Abstracts y de los resultados de investigación local, no conocíamos las computadoras y todo lo que ahora significan), se me dificultaba mucho la dosificación en sesiones de dos horas; ya en CBTis 93 yo sentí que ingresé con un mayor nivel de confianza y libertad para plantear situaciones de aprendizaje. Intuitivamente basaba mi método en el planteamiento de preguntas para focalizar la sesión, preguntas que se respondían a lo largo de la sesión según avanzaba mi exposición... parecía suficiente pero, como una vez comenté, también noté que la sesión basada en mi exposición no favorecía mucho el aprendizaje, “evaluaba” con un examen y el resultado era casi catastrófico.
Durante años recibí cursos de actualización sobre métodos y técnicas de enseñanza, generales o más disciplinares, a proponer planeaciones curriculares… gran parte de todo bajo un enfoque conductista. Por otro lado nos quejábamos de nivel de capacidades de nuestros alumnos, situación incómoda cuando el grupo era de semestre avanzado, y tuvimos que aprender, los profesores, a no preguntar quien había impartido la clase de matemáticas en lo semestres anteriores al que nos tocara, porque la delegación de la responsabilidad del atraso con el que llegaban los alumnos hasta nosotros llegaba, cuando menos, a la educación secundaría, y a veces, hasta a la primaria. Mejor nos propusimos trabajar con los alumnos tratando de que aprendieran lo más posible, según sus capacidades.
En años más próximos, encontré el sustento teórico del aprendizaje, la construcción del conocimiento, la importancia del contexto sociocultural, y sobre todo la importancia de que el alumno (el que aprende) sea el que actúe para lograrlo. Ya con el conocimiento de todo lo que implica el aprendizaje para ser competente en la vida, mi trabajo docente se ha hecho muy agradable y muy satisfactorio; creo que hago un buen trabajo junto con el de la mayoría de mis compañeros que impartimos asignaturas comunes, hay mucha disposición al diseño de estrategias para el aprendizaje de nuestros alumnos, estrategias que proponen condiciones para aprender a pensar y sentir, con interacciones fuertes entre ellos en ambientes de solidaridad, colaboración, sin tipo alguno de discriminación, en libertad y respeto.

EL SER MAESTRO

El ser maestro


Creo que ser maestro es una de las profesiones más gratificantes que existen. Tienes en tus manos un grupo de personas de dependen de tus propuestas para crecer como personas, puedes proponer actividades que faciliten el aprendizaje tanto de las cuestiones de asignatura como de la formación integral. El maestro facilita que sus alumnos sientan y piensen, para eso debe crear ambientes de aprendizaje que debe ir diseñando cada vez, para cada grupo, para cada alumno, para cada espacio y tiempo, formando alumnos ahora y ciudadanos después, que analicen y critiquen su entorno.
Para que un maestro tenga la formación suficiente debe forjar primero su identidad con la profesión, ya que muchas veces no somos profesores de formación previa, como los normalistas, sino nos formamos sobre la marcha, y además de la suficiencia en los conocimientos disciplinarios debemos cultivar también los conocimientos sobre manejo de situaciones de aula. Solamente hasta que domina todos estos aspecto o tiene una posibilidad para tratarlos como lo más importante del proceso educativo, entonces comienza a reconocerse como un maestro propio y único, no copiado de un profesor ideal.
El profesor es un comunicador, intermediario entre la ciencia y el alumno, conectar para el aprendizaje por lo que debe dominar las técnicas facilitar la comunicación, su presencia se debe reflejar en saber escuchar a sus alumnos, preguntar oportunamente pata facilitar el dominio del tema y, tener dominio sobre las situaciones que se puedan presentar en el aula.
La gratificación de la labor del profesor la recibimos muchas veces al notar una formación integral, la formación de un alumno con capacidades para destacar en la sociedad. Entonces se siente satisfacción por el trabajo realizado y orgullo de ser profesor.